Hay que darle primero con cuchara. Como la mano de un niño, su mano. Como la de Milly. Sensible. Calándome me atrevo a decir por mi mano. Me pregunto si tendrá nombre. Van. Aparta el bastón de las patas del caballo penco cansado ponte a dar cabezadas. Eso es. Apartado. Detrás de un toro: delante de un caballo.
—Gracias, señor.
Sabe que soy un hombre.
Voz.
―¿Ahora mismo? Primero gira a la izquierda.
El joven ciego tanteó el bordillo y siguió su camino, retirando el bastón, volviendo a palpar.
Mr Bloom caminaba detrás de los pies sin ojos, un traje de tweed de espiguilla de corte recto.
¡Pobre muchacho! ¿Cómo diablos supo que esa furgoneta estaba ahí? Debió de sentirla. Ver las cosas en la frente quizás. Una especie de sentido del volumen. Peso: lo sentiría si algo fuera retirado. Sentir un hueco. Qué idea más rara de Dublín debe de tener, tanteando su camino a tientas por las piedras. ¿Podría caminar en línea recta si no llevara ese bastón? Rostro exangüe y piadoso como el de un tipo que entrara a hacerse cura.
¡Penrose! Ese era el nombre de aquel tipo.
Mira todas las cosas que pueden aprender a hacer. Leer con los dedos. Afinar pianos. O nos sorprende que tengan cerebro. Por qué pensamos que