sol hasta su ocaso, los pálidos, los oscuros, los rubicundos y el etíope.
—¿Qué hace ese maldito masón, dice el ciudadano, rondando de arriba abajo afuera?
―¿Qué es eso? ―dice Joe.
―Aquí tienes, dice Alf, arrojando al rino. Hablando de ahorcamientos. Te enseñaré algo que nunca viste. Cartas de verdugos. Mira aquí.
Así que sacó del bolsillo un atado de manojos de cartas y sobres.
―¿Me estás tomando el pelo? —digo yo.
—Palabra de honor —dice Alf—. Léelas.
Así que Joe tomó las cartas.
―¿De quién te ríes? ―dice Bob Doran.
Así que vi que iba a armarse un poco de escándalo. Bob es un tipo raro cuando se le sube el portero a la cabeza, así que le digo, solo por hablar:
—¿Cómo está Willy Murray por esos tiempos, Alf?
—No sé,