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Chapter 12

desde la boca de un cañón sin pestañear, no pudo contener ya su emoción natural. Con su guantelete de malla apartó una lágrima furtiva y los burgueses privilegiados que se hallaban en su séquito inmediato le oyeron murmurar para sí en voz baja y entrecortada:

—¡Válgame Dios si no es una preciosidad, esa maldita zorra! ¡Válgame Dios que me dan ganas de llorar, de verdad, joder, cuando la veo porque me acuerdo de mi vieja barrica que me está esperando por Limehouse!

Así que entonces el ciudadano empieza a hablar de la lengua irlandesa y de la reunión del ayuntamiento y todo eso y de los shoneens que no saben hablar su propio idioma y Joe metiendo baza porque le ha soplado un billete a uno y Bloom soltando su cantinela de viejo con su cabo de dos peniques que le zampa a Joe y hablando de la liga gaélica y de la liga antinvitación y de la bebida, la maldición de Irlanda. La antinvitación es más o menos de lo que se trata. ¡Y un cuerno!, te dejaría echarle toda clase de bebida por el gollete hasta que Dios lo llamara antes de que vieras la espuma de su pinta. Y una noche entré con un tipo en uno de sus saraos musicales, canciones y bailes de que ella se podía subir a un fardo de heno y tanto que podía mi Maureen Lay y había un tipo con una insignia de cinta azul de Ballyhooly desgañitándose en irlandés y un montón de colleen bawns por ahí rulando con bebidas de templanza y vendiendo

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