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Capítulo 8

alrededor si miras a la nada. Meter el cucharón. Las mujeres también. Curiosidad. Estatua de sal. Naturalmente no quiso porque no se le ocurrió a él primero. Ni el tintero que le sugerí con una falsa mancha de celuloide negro. Sus ideas para anuncios como el de los potitos de carne de Plumtree bajo las esquelas, sección de carnes frías. No hay quien los venza. ¿Qué? Nuestros sobres. ¡Hola! Jones, ¿dónde vas? No puedo parar, Robinson, me apresuro a comprar el único borratintas fiable Kansell, de venta en Hely’s Ltd, 85 Dame Street.

Bien fuera de ese atolladero estoy. Menudo trabajo me costó recopilar las cuentas de esos conventos. Convento de Tranquilla. Qué monja más maja había allí, cara de verdad muy dulce. La toca le sentaba bien a su cabecita. ¿Hermana? ¿Hermana? Seguro que la desengañaron en amores por los ojos que tenía. Muy difícil regatear con esa clase de mujer. La interrumpí en sus devociones aquella mañana. Pero contenta de comunicarse con el mundo exterior. Nuestro gran día, dijo. Fiesta de Nuestra Señora del Carmen. Nombre dulce además: caramelo. Ella sabía, creo que sabía por la forma en que ella. Si se hubiera casado habría cambiado. Supongo que de verdad andaban cortos de dinero. Lo freían todo con la mejor mantequilla de todos modos. Nada

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