por el santo Moisés que lo habían estafado con dos libras.
—¿Quién vio el caso? —dice Joe.
—Flauta dulce, dice Ned.
―Pobre viejo sir Frederick, dice Alf, a ése le das gato por liebre hasta con los ojos vendados.
―Corazón de león, dice Ned. Cuéntale una historia de desgracias sobre atrasos de alquiler y una mujer enferma y una recua de niños y, faith, se deshará en lágrimas en el banco.
―Hombre, dice Alf. ¡Mucha puta suerte tuvo Reuben J. de no haberlo metido en el banquillo el otro día por demandar al pobre pequeño Gumley, que anda rompiendo piedras para el ayuntamiento ahí cerca del puente de Butt!
Y empieza a quitar la vieja grabadora fingiendo que llora:
―¡Una cosa de lo más escandalosa! ¡Este pobre hombre trabajador! ¿Cuántos hijos?