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Capítulo 13

amor, el derecho de primogenitura de una mujer.

La noche de aquella fiesta, hacía ya mucho tiempo, en casa de los Stoers (él todavía llevaba pantalones cortos), cuando se quedaron solos y él le pasó furtivamente un brazo por la cintura, ella se puso pálida hasta los mismos labios.

Él la llamó pequeña con voz extrañamente ronca y le robó medio beso (¡el primero!), pero solo fue en la punta de la nariz, y luego huyó apresuradamente de la habitación con un comentario sobre los refrescos.

¡Muchacho impetuoso! La fuerza de carácter nunca había sido el punto fuerte de Reggy Wylie, y quien pretendiera cortejar y conquistar a Gerty MacDowell tenía que ser un hombre entre los hombres.

Pero esperando, siempre esperando a que se lo pidieran y además era año bisiesto y pronto terminaría.

Ningún príncipe azul es su ideal de galán para depositar un amor raro y maravilloso a sus pies, sino más bien un hombre varonil de rostro firme y tranquilo que no hubiera encontrado su ideal, tal vez con el cabello ligeramente salpicado de canas, y que la comprendiera, la tomara en sus brazos protectores, la apretara contra sí con toda la fuerza de su profunda y apasionada naturaleza y la consiguiera con un largo y prolongado beso.

Sería como el cielo. Por alguien así suspira esta templada tarde de verano. Con todo su corazón anhela ser suya única, su prometida esposa en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe, desde hoy en adelante.

Y mientras Edy Boardman iba con el pequeño Tommy detrás del cochecito de empuje no hacía más que pensar si llegaría alguna vez el día en que pudiera llamarse su pequeña prometida. Luego ya podían hablar de ella hasta

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