de máxima necesidad: que haya amistad entre muchos.
—San Tomás —empezó Stephen...
—Ora pro nobis, —gimió el monje Mulligan, dejándose caer en una silla.
Allí entonó una rúnica lamento.
— ¡Pogue mahone! ¡Acushla machree! ¡Arruinados estamos desde este día! ¡Arruinados estamos con toda certeza!
Todos esbozaron sus sonrisas.
―San Tomás, Stephen, sonriente, dijo, cuyas obras abultadas disfruto leyendo en el original, escribiendo sobre el incesto desde un punto de vista diferente del de la nueva escuela vienesa de la que habló el señor Magee, lo compara a su sabia y curiosa manera con una avaricia de las emociones. Significa que el amor así entregado a alguien cercano en sangre es mezquinamente