Dedalus con un débil jadeo. Supongo que está en el cielo si hay un cielo.
Corny Kelleher se hizo a un lado y dejó que los dolientes pasaran con paso pesado.
―Las ocasiónes tristes, empezó con cortesía el señor Kernan.
El señor Bloom cerró los ojos y con tristeza inclinó dos veces la cabeza.
―Los demás se están poniendo el sombrero, dijo el señor Kernan. Supongo que nosotros podemos hacer lo mismo. Somos los últimos. Este cementerio es un lugar traicionero.
Se cubrieron la cabeza.
—El reverente caballero leyó el servicio demasiado rápido, ¿no le parece?, dijo el señor Kernan con reproche.
El señor Bloom asintió con gravedad, mirando a los