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Capítulo 13

that was the benediction because just then the bell rang out from the steeple over the quiet seashore because Canon O’Hanlon was up on the altar with the veil that Father Conroy put round him round his shoulders giving the benediction with the blessed Sacrament in his hands.

Qué conmovedora la escena allí en el crepúsculo que se cierra, la última visión de Erin, el toque conmovedor de esas campanas vespertinas y al mismo tiempo un murciélago revoloteó saliendo del campanario cubierto de hiedra por la penumbra, de aquí para allá, con un pequeño grito perdido.

Y ella podía ver a lo lejos las luces de los faros tan pintorescas le habría encantado pintar con una caja de óleos porque era más fácil que hacer un hombre y pronto el farolero estaría haciendo su ronda pasando por los terrenos de la iglesia presbiteriana y a lo largo de la sombría avenida Tritonville donde las parejas paseaban y encendiendo el farol cerca de su ventana donde Reggy Wylie solía girar su rueda libre como leyó en aquel libro El farolero de la señorita Cummins, autora de Mabel Vaughan y otros cuentos.

Porque Gerty tenía sus sueños que nadie conocía. Le encantaba leer poesía y cuando Bertha Supple le regaló aquel precioso álbum de confidencias de cubierta de color rosa coral para que escribiera en él sus pensamientos, lo guardó en el cajón de su tocador que, aunque no pecaba de lujoso, estaba escrupulosamente limpio y aseado. Era allí donde guardaba su tesoro de baratijas de muchacha, los peines de carey, su insignia de Hija de María, el perfume de rosa blanca, la cejolina, su polvera de alabastro y las cintas para cambiar cuando la ropa volvía de la lavandería, y había en él unos hermosos pensamientos escritos con tinta

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