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Capítulo 9

la Arcadia de Sidney e injertada a la fuerza en una leyenda celta más antigua que la historia?

―Era el modo de Will —defendió John Eglinton—. No debemos ahora mezclar una saga nórdica con un fragmento de una novela de George Meredith. Que voulez-vous? —diría Moore—. Pone a Bohemia en la costa marítima y hace que Ulises cite a Aristóteles.

—¿Por qué? —se respondió Stephen—. Porque el tema del hermano falso o usurpador o adúltero, o los tres en uno, es para Shakespeare lo que los pobres no son: siempre está con él. La nota del destierro, destierro del corazón, destierro del hogar, resuena ininterrumpidamente desde Los dos hidalgos de Verona en adelante hasta que Próspero rompe su vara, la entierra a ciertas brazas en la tierra y ahoga su libro. Se desdobla a mitad de su vida, se refleja en otro, se repite, prótasis, epítasis, catástasis, catástrofe. Se repite de nuevo cuando está cerca de la tumba, cuando su hija casada Susan, de tal palo tal astilla, es acusada de adulterio. Pero fue el pecado original el que oscureció su entendimiento, debilitó su voluntad y dejó en él una fuerte inclinación al mal. Las palabras son las de nuestros señores los obispos de Maynooth —un pecado original y, como el pecado original, cometido por otro en cuyo pecado él también ha

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