supuesto. Mañana es día de matanza. Terneros tempranos. Cuffe los vendió a unas veintisiete libras cada uno. Para Liverpool probablemente. Roast beef para la vieja Inglaterra. Se compran todos los jugosos. Y luego el quinto cuarto se pierde: toda esa materia prima, piel, pelo, cuernos. Acaba siendo una suma importante al año. Comercio de carne muerta. Subproductos de los mataderos para tenerías, jabón, margarina. Me pregunto si funcionará todavía ese truco de bajar carne pocha del tren en Clonsilla.
El carruaje avanzó entre la manada.
—No me explico por qué el ayuntamiento no pone una línea de tranvía desde la puerta del parque hasta los muelles —dijo el señor Bloom—. Todos esos animales podrían llevarse en vagones directamente hasta los barcos.
―En vez de obstaculizar la vía pública, dijo Martin Cunningham. Muy bien hecho. Deberían.
―Sí, dijo el señor Bloom, y otra cosa en la que a menudo he pensado es en tener tranvías fúnebres municipales como los que hay en Milán, ya sabe. Prolongar la línea hasta las puertas del cementerio y tener tranvías especiales, coche fúnebre y carruaje y todo. ¿No ve lo que quiero decir?
—¡Que le den por culo a ese cuento!, dijo el señor Dedalus. Coche-cama y coche comedor.
—Un mal pronóstico para Corny —añadió Mr Power.
―¿Por qué? —preguntó el señor Bloom, volviéndose hacia el señor