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Capítulo 13

disgusto, pero por suerte el caballero de negro que estaba allí sentado solo acudió gallardamente al rescate y detuvo la pelota. Nuestros dos campeones reclamaron su juguete con gritos sonoros y, para evitar líos, Cissy Caffrey le pidió al caballero que por favor se la tirara a ella. El caballero apuntó con la pelota un par de veces y luego la lanzó playa arriba hacia Cissy Caffrey, pero rodó por la pendiente y paró justo debajo de la falda de Gerty, cerca del charquito junto a la roca. Los mellizos volvieron a reclamarla a gritos y Cissy le dijo que la alejara de un puntapié para que se pelearan por ella, así que Gerty echó el pie atrás —aunque habría preferido que su maldita pelota no hubiera venido a rodar hasta ella— y dio una patada, pero falló y Edy y Cissy se echaron a reír.

—Si fracasas, vuelve a intentarlo, dijo Edy Boardman.

Gerty sonrió asintiendo y se mordió el labio. Un delicado rubor se deslizó por su bonita mejilla, pero estaba decidida a que la vieran, así que se levantó la falda un poco, pero solo un poco, apuntó bien y le dio una patada de lo más alegre al balón, que voló muchísimo más allá, y los dos mellizos detrás hacia la playa de guijarros. Pura envidia, por supuesto, no era otra cosa que para llamar la atención debido a que el caballero de enfrente estaba mirando. Sintió que el rubor cálido, una señal de alarma siempre con Gerty MacDowell, le inundaba las mejillas y le ardía en ellas. Hasta entonces solo se habían cruzado las miradas más casuales, pero ahora, bajo el ala de su nuevo sombrero, se aventuró a mirarlo y el rostro con el que se encontró allí en la penumbra, pálido y

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