de Navidad...
—Lo sé, dijo M'Coy. El año que la parienta estuvo allí…
Lenehan enlazó su brazo efusivamente.
—Pero espérate a que te cuente, dijo.
Tuvimos también un piscolabis a medianoche después de toda la jarana y cuando salimos zumbando daban las tantas de la mañana del día siguiente al de la noche anterior.
Al volver era una noche de invierno espléndida en la montaña de Featherbed. Bloom y Chris Callinan iban en un lado del coche y yo iba con la parienta en el otro. Empezamos a cantar canciones a varias voces y dúos: He aquí el primer rayo de la mañana.
Iba bien entonada con una buena carga de oporto de Delahunt bajo el chaleco. Con cada bache que daba el maldito coche la hacía rebotar contra mí. ¡Delicias del infierno! Tiene un par bien hermoso, Dios la bendiga. Así.
Mantuvo sus manos ahuecadas a un codo de distancia, frunciendo el ceño:
―Yo no hacía más que acomodarle la alfombra y arreglarle la boa todo el tiempo. ¿Entiendes lo que quiero decir?
Sus manos moldearon amplias curvas en el aire. Cerró los ojos con fuerza de puro deleite, encogiéndose el cuerpo, y exhaló un dulce trino por los labios.
—El muchacho se puso firmes de todos modos, dijo con un suspiro. Es una yegua brava y no hay equivocación. Bloom le señalaba todas las estrellas y los cometas del firmamento