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Capítulo 13

tenido si hubiera tropezado con algo sin querer queriendo con sus altos tacones franceses torcidos puestos para parecer alta y se hubiera pegado un buen costalazo. ¡Cuadro viviente! Esa habría sido una exposición muy encantadora para presenciar para un caballero como ese.

Reina de los ángeles, reina de los patriarcas, reina de los profetas, de todos los santos, rezaban, reina del santísimo rosario y entonces el padre Conroy le entregó el incensario al canónigo O’Hanlon y este echó el incienso e incensó el Santísimo Sacramento y Cissy Caffrey cogió a los dos mellizos y se moría de ganas por darles un buen sopapo en toda regla pero no lo hizo porque pensó que él podía estar mirando pero jamás en toda su vida cometió un error más grande porque Gerty podía ver sin mirar que él no le apartaba los ojos de encima y entonces el canónigo O’Hanlon le devolvió el incensario al padre Conroy y se arrodilló mirando hacia el Santísimo Sacramento y el coro empezó a cantar Tantum ergo y ella se limitó a balancear el pie hacia dentro y hacia fuera al compás mientras la música subía y bajaba con aquello de Tantumer gosa cramen tum.

Tres y once le costaron esas medias en el establecimiento de Sparrow de la calle George el martes, no el lunes antes de Pascua y no tenían ni una carrera y era eso lo que él estaba mirando, transparentes, y no las de aquella insignificante que no tenían ni forma ni figura (¡qué jeta tenía!) porque él tenía ojos en la cara para ver la diferencia por sí mismo.

Cissy vino por la orilla con los dos mellizos y su pelota con el sombrero de cualquier manera torcido de lado tras la carrerita y sí que parecía una desaliñada

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