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Capítulo 13

el honor de una muchacha, degradando el sexo y siendo llevadas a comisaría. No, no: eso no. Serían simplemente buenos amigos como un hermano mayor y una hermana sin todo lo demás a pesar de las convenciones de la Sociedad con e mayúscula. Tal vez era un viejo amor por el que guardaba luto desde los días de más allá del recuerdo. Creía comprender. Trataría de comprenderle porque los hombres eran muy diferentes. El viejo amor estaba esperando, esperando con manitas blancas tendidas, con ojos azules suplicantes. ¡Corazón mío! Seguiría su sueño de amor, los dictados de su corazón que le decían que él era su todo, el único hombre en todo el mundo para ella, pues el amor es el guía supremo. Nada más importara. Viniera lo que viniera, ella sería salvaje, desatada, libre.

El canónigo O’Hanlon volvió a colocar el Santísimo Sacramento en el sagrario y el coro cantó Laudate Dominum omnes gentes y entonces cerró con llave la puerta del sagrario porque la bendición había terminado y el padre Conroy le entregó el sombrero para que se lo pusiera y Edy la ojituerta preguntó que si ella no venía pero Jacky Caffrey gritó:

―¡Oh, mira, Cissy!

Y todos miraron fue relámpago nublar pero Tommy también lo vio sobre los árboles junto a la iglesia, azul y luego verde y púrpura.

—Son fuegos artificiales, dijo Cissy Caffrey.

Y todos corrieron por la playa para ver por encima de las casas y la iglesia, en desorden, Edy con el carrito de empuje con el pequeño Boardman dentro y Cissy agarrando a Tommy y Jacky de la mano para que no se cayeran al correr.

―Ven, Gerty, llamó Cissy. Son los fuegos artificiales del bazar.

Pero Gerty era inflexible. No tenía la intención de estar a su entera

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