que esta pobre alma Vaya al cielo.
¿Qué es eso?
—¿Qué, señor?
—Otra vez, señor. No oímos.
Sus ojos se abrieron más a medida que se repetían los versos.
Tras un silencio, Cochrane dijo:
―¿Qué es, señor? Nos rendimos.
Stephen, con picazón en la garganta, respondió:
—El zorro enterrando a su abuela bajo una higuera de indias.
Se puso de pie y lanzó una carcajada nerviosa a la que los gritos de ellos respondieron con consternación.
Un bastón golpeó la puerta y una voz en el pasillo llamó:
―¡Hockey!
Se desbandaron, deslizándose fuera de los bancos, saltándolos. En un instante se habían