del corazón. Rellenándose si la gordura está de moda. Sus dolores de crecimiento por la noche, llamando, despertándome. Asustada estaba cuando le vino la regla por primera vez. ¡Pobre niña! Momento extraño también para la madre. Le devuelve su mocedad.
Gibraltar. Mirando desde Buena Vista. La torre de O’Hara. Las gaviotas chillando. El viejo mono de Berbería que se devoró a toda su familia. Puesta de sol, cañonazos para que los hombres cruzasen las líneas.
Mirando hacia el mar me lo dijo. Una tarde como esta, pero despejada, sin nubes. Siempre pensé que me casaría un lord o un caballero con yate privado.
- Buenas noches, señorita.
- El hombre ama la muchaha hermosa.
¿Por qué yo? Porque eras tan diferente de los demás.
Más vale no pegarse aquí toda la noche como una lapa. Este tiempo te atonta. Con esta luz deben ser casi las nueve.
A casa. Muy tarde para Leah, lirio de Killarney. No. Quizá aún esté levantada. Pasarme por el hospital a ver. Ojalá haya parido ya.
Largo día he tenido. Martha, el baño, entierro, la casa de las llaves, el museo con aquellas diosas, la canción de Dedalus. Luego ese voceras en lo de Barney Kiernan. Ahí me devolví la jugada. Borrachos fanfarrones. Lo que dije de su Dios le hizo hacer una mueca. Error devolver el golpe. ¿O no? No. Deberían irse a casa y reírse de sí mismos. Siempre queriendo atiborrarse en compañía. Con miedo a estar solos como un crío de dos años. Supongamos que me pega. Míralo al revés. No tan mal entonces. Quizá no lo hizo con intención de hacer daño. * ¡Tres hurras por Israel! * ¡Tres hurras por la cuñada que andaba ofreciendo por ahí, tres colmillos en la boca! Mismo estilo de belleza. Una anciana de lo más