la tetera con motivos florales bordados o un reloj pero ya tenían un reloj se fijó en la repisa de la chimenea blanco y dorado con un pájaro canario que salía de una casita para dar la hora el día que fue allí por lo de las flores para la adoración de las cuarenta horas porque era difícil saber qué clase de regalo hacer o quizás un álbum de vistas iluminadas de Dublín o algún sitio.
Los exasperantes mocosos insoportables de los mellizos volvieron a pelearse y Jacky tiró la pelota hacia el mar y los dos salieron corriendo detrás.
Monitos vulgares y corrientes. Alguien debería agarrarlos y darles una buena paliza para ponerlos en su lugar, a los dos.
Y Cissy y Edy les gritaron que volvieran porque temían que les sorprendiera la marea y se ahogaran.
―¡Jacky! ¡Tommy!
¡Ellos no! ¡Qué gran idea tuvieron! Así que Cissy dijo que era la última vez en su vida que los sacaba a pasear. Dio un salto y los llamó y corrió cuesta abajo pasándole por alto, echándose hacia atrás el pelo que tenía un color bastante apañado si hubiera habido más cantidad pero con todo el cachivache que siempre se estaba restregando no conseguía que le creciera largo porque no era natural así que bien podía ir a colgarse. Corría con zancadas largas y de ganso era un milagro que no se desgarrara la falda por el lado que le iba demasiado apretado porque Cissy Caffrey tenía mucho de marimacho y era una fresca siempre que pensaba que tenía una buena ocasión para lucirse y justo porque corría bien corría de esa manera para que él pudiera verle todo el remate del refajo al correr y las canillas flacas lo más alto posible. Bien empleado se le habría