Estaba precisamente de cháchara con el viejo Troy de la D. M. P. en la esquina de Arbour hill y, mal rayo me parta, apareció un maldito deshollinador y por poco me clava los trebejos en el ojo. Me volví para soltarle la andanada de mi lengua cuando, a que no adivinas a quién veo escabulléndose por Stony Batter, a Joe Hynes nada menos.
—Lo, Joe, digo yo. ¿Cómo te va el fuelle? ¿Viste a ese maldito deshollinador a punto de sacarme un ojo con su escobillón?
—Suerte de hollín —dice Joe—. ¿Quién era el viejo gilipollas con el que estabas hablando?
—El viejo Troy, digo yo, estuvo en las fuerzas. Estoy por dos mientes de no entregar a ese tipo a la justicia por obstruir la vía pública con sus escobas y