anhelaba en silencio adorar.
Duke street.
Here we are.
- Must eat.
- The Burton.
Feel better then.
Dobló la esquina de Combridge, aún perseguido. Cascos tintineantes.
Cuerpos perfumados, cálidos, llenos. Todos besados, entregados:
- en campos de pleno verano, hierba aplastada y enmarañada,
- en pasillos chorreantes de conventillos,
- a lo largo de sofás, camas crujientes.
—¡Jack, amor!
—¡Cariño!
—¡Bésame, Reggy!
—¡Muchacho!
―¡Amor!
Con el corazón agitado empujó la puerta del restaurante Burton.
La peste apresó su aliento tembloroso: jugo de carne picante, aguachirle de verduras. Mirad cómo se alimentan los animales.
Hombres, hombres, hombres.
Sentados en alto en los taburetes junto a la barra, con los sombreros hacia atrás, en