—Es como una especie de gira, ¿no ve?, dijo el señor Bloom pensativo.
Dulllce canción.
Hay un comité formado. Acciones de participación y parte de beneficios.
M’Coy asintió, frotándose la barba del bigote.
―Bueno, dijo. Es una buena noticia.
Hizo el ademán de irse.
—Me alegro de verte con buen aspecto —dijo—. Ya nos veremos por ahí.
—Sí —dijo el señor Bloom.
―Mira lo que te digo, dijo M’Coy. Podrías apuntar mi nombre en el entierro, ¿quieres? Me gustaría ir, pero a lo mejor no puedo, ya ves. Hay un caso de ahogamiento en Sandycove que puede salir y entonces el juez de instrucción y yo tendríamos que ir si encuentran el cuerpo. Tú encaja mi nombre si no estoy, ¿eh?
—Eso haré, dijo el señor Bloom, moviéndose para levantarse. Estará bien.
—Bien, dijo M'Coy alegremente. Gracias, viejo. Iría si pudiera de ningún modo. Bueno, chau. Con C. P. M'Coy basta.
―Así se hará, respondió con firmeza el señor Bloom.
No me pilló desprevenido ese truco. El toque rápido. Marca sutil. Me gustaría mi empleo.
Valija es una que me hace especial gracia. De cuero. Esquinas reforzadas, cantos con remaches, cerradura de palanca de doble acción. Bob Cowley le prestó la suya para el concierto de la regatta de Wicklow el año pasado y nunca más se supo de ella desde aquel bendito día.