allí en belleza sin par donde el níspero y el almendro perfuman el aire. Los jardines de la Alameda conocieron su paso: los huertos de olivos supieron de ella y se inclinaron. La casta esposa de Leopoldo es ella: Marion de los pechos generosos.
Y he aquí que entró uno del clan de los O'Molloy, un gallardo héroe de rostro blanco aunque con todo un tanto sonrosado, letrado del consejo de su majestad, y con él el príncipe y heredero de la noble estirpe de Lambert.
―Hola, Ned.
―Hola, Alf.
—Hola, Jack.
―Hola, Joe.
—Dios te guarde, dice el ciudadano.
—Dios se lo pague, dice J. J. ¿Qué va a ser, Ned?
―Las doce y media, dice Ned.
Así que J. J. pidió las bebidas.
—¿Estuviste por los juzgados? —dice Joe.
—Sí, dice