su primo americano de la hoja de basurero de Bowery, por no hablar del Budget de Paddy Kelly, el Pue’s Occurrences y nuestro vigilante amigo The Skibereen Eagle. ¿A qué viene sacar a colación a un maestro de la elocuencia forense como Whiteside? Bastante tiene el periódico con su propia edición.
Vínculos con los días de antaño
―Grattan y Flood escribieron para este mismo periódico —le gritó el director a la cara—. Voluntarios irlandeses. ¿Dónde están ahora? Fundado en 1763. El doctor Lucas. ¿A quién tenéis ahora como a John Philpot Curran? ¡Pamplinas!
—Bien, dijo J. J. O’Molloy, Bushe K. C., por ejemplo.
―¿Bushe? —dijo el editor—. Bueno, sí. Bushe, sí. Lo lleva en la sangre. Kendal Bushe, o quiero decir Seymour Bushe.
—Ya habría estado en la banca hace mucho tiempo —dijo el profesor—, de no ser por... Pero no importa.
J. J. O’Molloy se volvió hacia Stephen y dijo en voz baja y pausada:
—Uno de los periodos más pulidos que creo haber escuchado en mi vida brotó de los labios de Seymour Bushe. Fue en aquel caso de fratricidio, el caso del asesinato de los Childs. Bushe lo defendió.
Y en los porales de mi oído vertió.
A propósito, ¿cómo se