next her next.
Un murciélago voló.
- Aquí.
- Allá.
- Aquí.
A lo lejos, en la penumbra gris, sonó una campana.
El señor Bloom con la boca abierta, la bota izquierda apoyada de canto, se inclinó, respiró. Apenas durante unos
Cucú. Cucú. Cucú.
El reloj de la chimenea en la casa del cura cucó donde el canónigo O’Hanlon y el padre Conroy y el reverendo John Hughes S. J. tomaban té y pan de soda con mantequilla y chuletas de cordero fritas con kétchup y hablaban de
Cucú. Cucú. Cucú.
Porque era un pajarito canario que salía de su casita para decir la hora por lo que Gerty MacDowell se fijó en la hora que era allí porque era más lista que nadie para una cosa así, era Gerty MacDowell, y se dio cuenta enseguida de que aquel caballero extranjero que estaba sentado en las rocas mirando estaba
Cucú. Cucú. Cucú.