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Chapter 12

las intrincadas reglas aliterativas e isosilábicas del englyn galés, es infinitamente más complicado, pero creemos que nuestros lectores convendrán en que el espíritu ha sido bien captado. Quizá deba añadirse que el efecto aumenta en gran medida si los versos de Owen se recitan con cierta lentitud y falta de claridad, en un tono que sugiera un rencor reprimido.

La maldición de mis maldiciones Siete días todos los días Y siete jueves secos Sobre ti, Barney Kiernan, Que no haya sorbo de agua Para calmar mi valor, Y mis tripas rugiendo rojas Tras los bofes de Lowry.

Así que le dijo a Terry que trajera un poco de agua para el perro y, joder, se le oía beber a la legua.

Y Joe le preguntó si tomaba otra.

—Lo haré, dice, a chara, para que vea que no hay inquina.

Vaya, no es tan lelo como parece. Arrastrándose de un pub a otro, confiando en tu propia palabra, con el viejo perro de Giltrap y viviendo a costa de los contribuyentes y concejales. Alojamiento para personas y animales. Y dice Joe:

―¿Podrías hacerme un hueco en otra pinta?

—¿Puede nadar un pato?, digo yo.

—Lo mismo de antes, Terry —dice Joe—. ¿Seguro que no quieres tomar nada en concepto de refrigerio líquido? —dice él.

―Gracias, no, dice Bloom. A decir verdad, solo quería ver a Martin Cunningham, ya ve, por esto del seguro del pobre Dignam. Martin me pidió que fuera a la casa. Verá, él, Dignam, digo, no notificó la cesión a la compañía en su momento y nominalmente, según la ley, el

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