Siguiendo la dirección de su dedo, él levantó de la cama una pernera de sus bragas sucias.
¿No?
Luego, una liga gris y retorcida alrededor de una media: planta arrugada y brillante.
—No: ese libro.
La otra media.
Su enagua.
―Debió de haberse caído, dijo ella.
Tanteó aquí y allá. Voglio e non vorrei. Se pregunta si lo pronunciará bien: voglio . En la cama no. Debe de haberse caído al suelo. Se agachó y levantó el faldón. El libro, caído, yacía abierto contra la panza del bacinillo de uñero naranja.
―Enséñame aquí, dijo ella. Hice una marca. Hay una palabra que quería preguntarte.
Se tragó un trago de té de su taza