de mil demonios.
—Estaba ahora mismo por el juzgado —dice él—, buscándote. Espero no estar...
—No, dice Martin, estamos listos.
Juzgado, un cuerno, y los bolsillos repletos de oro y plata. Canalla mezquino y sangriento. Invítate a un trago siquiera. ¡Ni lo sueñas, maldita sea! ¡Ahí tienes al judío! Todo para el número uno. Más listo que las ratas de albañal. A cien por cinco.
―No se lo digas a nadie, dice el ciudadano.
—Le pido perdón —dice él.
—Vamos, muchachos, dice Martin, viendo que la cosa pintaba mal. Venga, vamos.
—No le digas nada a nadie —dice el ciudadano, soltando un buen berreo—. Es un secreto.
Y el maldito perro se despertó y soltó un gruñido.
—Adiós a todos, dice Martín.
Y los sacó tan pronto como pudo, a Jack Power