Caminando con orgullo.
¿A quién intentabas imitar al andar?
Olvídalo: un desposeído.
Con el giro postal de mamá, ocho chelines, la puerta de la oficina de correos golpeando en tus narices cerrada por el ujier.
Hambre dolor de muelas.
Encore deux minutes.
Mira reloj. Hay que llegar. Fermé.
¡Perro alquilado! Dispararle a pedazos de mierda con una escopeta de estallido, pedazos hombre salpicados paredes todo botones de bronce. Pedazos todo khrrrrklak en su sitio clack atrás.
¿No te duele? Oh, está bien. Demos la mano. ¿Ves lo que quería decir, ves? Oh, está bien. Dame un apretón. Oh, todo está bien y listo.
Ibas a hacer maravillas, ¿eh? Misionero en Europa tras el ardiente Columbano. Fiacre y Escoto en sus escabeles macabros en el cielo derramados de sus jarras, riendo en latín sonoro: Euge! Euge! Fingiendo hablar un inglés chapurreado mientras arrastrabas tu maleta, mozo tres peniques, por el muelle fangoso de Newhaven.
¿Cómo? Rico botín trajiste de vuelta; Le Tutu, cinco números andrajosos de Pantalon Blanc et Culotte Rouge, un telegrama azul francés, curiosidades que mostrar:
―Madre agonizando ven a casa padre.
La tía cree que mataste a tu madre. Por eso no quiere.