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Chapter 12

de pagar la pena de muerte se arrodilló con espíritu sumamente cristiano en un charco de agua de lluvia, con la sotana sobre su canosa cabeza, y ofreció al trono de la gracia fervientes oraciones de súplica.

Cerca del tajo se erguía la sombría figura del verdugo, con el rostro oculto en una olla de diez galones provista de dos aberturas circulares perforadas a través de las cuales sus ojos brillaban con furia. Mientras aguardaba la señal fatal, probaba el filo de su horrible arma asentándolo sobre su fornido antebrazo o decapitando en rápida sucesión a un rebaño de ovejas que los admiradores de su funesto pero necesario cargo le habían proporcionado. Sobre una elegante mesa de caoba cercana se alineaban ordenadamente el cuchillo de desquartizar, los diversos utensilios de templado fino para destripar (suministrados especialmente por la mundialmente famosa empresa de cuchileros Messrs John Round and Sons, Sheffield), una cacerola de terracota para recibir el duodeno, el colon, el intestino ciego y el apéndice, etc., una vez extraídos con éxito, y dos cántaros de leche espaciosos destinados a acoger la sangre más preciada de la víctima más preciada. El mayordomo del hogar unificado de gatos y perros estaba presente para trasladar estos recipientes, una vez llenos, a dicha benéfica institución.

Un ágape de lo más excelente, consistente en lonchas de bacon y huevos, bistec frito con cebolla, cocinado en su punto, deliciosos panecillos calientes de desayuno y té vigorizante, había sido considerado y provisto por las autoridades para el consumo de la figura central de la tragedia, la cual se encontraba de excelente humor

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