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Capítulo 11

mientras tú esperas. Je, je, je, je. Joj. Espera mientras tú esperas.

Dulce ahora. Dulce Lydia. Bronce y rosa.

Ella se lo pasó pipa, sencillamente pipa.

Y mira qué caracola tan bonita ha traído.

Hasta el extremo de la barra le llevó con ligereza el espiralado y sinuoso cuerno marino para que él, George Lidwell, procurador, pudiera oírlo.

―¡Escucha! ―le ordenó.

Bajo las palabras calentadas por la ginebra de Tom Kernan, el pianista acompañante tejió una música lenta.

Hecho verídico. Cómo Walter Bapty perdió la voz.

Pues verá, señor, el esposo lo cogió por el cuello. Canalla, le dijo. No volverás a cantar canciones de amor.

Así lo hizo, don Tom. Bob Cowley tejió. Los tenores se desgastan. Cowley se reclinó.

Ah, ahora lo oyó, ella acercándoselo a la oreja.

¡Oye! Él oyó. Maravilloso.

Ella se lo acercó a la suya y a través de la luz tamizada de oro pálido en contraste se deslizó. Oír.

Toc.

Bloom por la puerta del bar vio un caracol sostenido contra sus orejas. Oyó más débilmente que ellas lo oían, cada una para

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