anuncio, creo yo. Ya le diré…
K. M. R. I. A.
—Que me bese el real culo irlandés —gritó Myles Crawford en voz alta por encima del hombro—. Cuando le apetezca, dígase.
Mientras el señor Bloom se quedaba sopesando la cuestión y a punto de sonreír, él avanzó a zancadas a tirones.
Raising the Wind
— Nulla bona, Jack, —dijo, llevándose la mano a la barbilla—. Estoy hasta aquí. Yo mismo he pasado por el aro. Estaba buscando a un tipo que me avalara una letra no más lejos de la semana pasada. La buena voluntad vale por el hecho. Lo siento, Jack. De todo corazón si pudiera conseguir guita de algún modo.
J. J. O’Molloy puso una cara muy larga y siguió andando en silencio. Dieron alcance a los demás y caminaron hombro con hombro.
—Cuando se han comido el cerdo prensado y el pan y se han limpiado los veinte dedos en el papel en que venía envuelto el pan, se acercan más a las rejas.
—Algo para usted —le explicó el profesor a Myles Crawford—. Dos viejas dublinesas en lo alto del pilar de Nelson.
¡Menuda columna!—Eso fue lo que dijo el Patoso Uno
—Eso es nuevo —dijo Myles Crawford—.