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Capítulo 13

tirando de los dos críos con la blusa endeble que se había comprado hacía apenas una quincena hecha un trapo a la espalda y un trozo de enagua colgando como una caricatura. Gerty se quitó el sombrero un momento para arreglarse el pelo y jamás se había visto en los hombros de una muchacha una cabeza de cabellos castaños claros más bonita, más primorosa, una pequeña visión radiante, en verdad, casi enloquecedora en su dulzura. Habría que caminar muchas, muchas millas antes de encontrar una cabellera semejante a esa. Casi pudo ver el rápido reflejo de respuesta y admiración en sus ojos que la hacía vibrar en cada nervio. Se puso el sombrero de modo que pudiera ver por debajo del ala y balanceó su zapato con hebilla más deprisa porque le faltaba el aliento al capturar la expresión de sus ojos. La estaba mirando como una serpiente mira a su presa. Su instinto de mujer le indicó que había despertado al demonio en él y al pensarlo un escarlata ardiente barrió desde la garganta hasta la frente hasta que el precioso color de su rostro se convirtió en una rosa gloriosa.

Edy Boardman lo estaba notando también porque estaba entrecerrando los ojos hacia Gerty, medio sonriendo, con las gafas, como una solterona, fingiendo criar al bebé. Mosquita muerta irritable que era y siempre sería y por eso nadie la tragaba, metiendo las narices en lo que no le importaba. Y le dijo a Gerty:

―Un centavo por tus pensamientos.

―¿Qué? —respondió Gerty con una sonrisa realzada por los dientes más blancos—. Solo me preguntaba si se no habrá hecho tarde.

Porque deseaba fervientemente que se llevaran a los gemelos mocosos y a su bebé a su casa a hacer maldades bien lejos de allí, y por eso fue

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