Carretera de Tritonville. Más rápido. Las ruedas traqueteaban al rodar sobre el terraplén empedrado y los cristales locos temblaban haciendo ruido en los marcos de las
―¿Por dónde nos lleva? —preguntó el señor Power a través de ambas ventanillas.
—Irishtown —dijo Martin Cunningham—. Ringsend. Brunswick Street.
El señor Dedalus asintió con la cabeza, mirando hacia afuera.
―Es una vieja y excelente costumbre —dijo—. Me alegra ver que no se ha perdido.
Todos miraban un momento por sus ventanas gorras y sombreros levantados por los transeúntes. Respeto. El coche se desvió de los raíles del tranvía hacia la calzada más lisa pasando Watery lane. El señor Bloom contemplativo vio a un joven