La voz de mi padre consubstancial. ¿Viste algo últimamente de tu hermano el artista Stephen? ¿No? ¿Seguro que no está abajo en Strasburg terrace con su tía Sally? ¿No podría volar un poco más alto que eso, eh? Y y y y dinos, Stephen, ¿cómo está el tío Si? Oh, Dios lloroso, la familia con la que he emparentado. De boys up in de hayloft. El borrachín del vendedor ambulante y su hermano, el cornetista. Góndolas muy respetables. Y el bizco de Walter hablándole de usted a su padre, nada menos. Señor. Sí, señor. No, señor. Jesus wept: and no wonder, by Christ.
Tiro del chirriante timbre de su cabaña de contraventanas cerradas: y espero. Me toman por un cobrador de deudas, asoman desde un punto de vista ventajoso.
—Es Stephen, señor.
—Dejadle entrar. Que entre Stephen.
Un cerrojo descorrido y Walter me da la bienvenida.
―Pensábamos que eras otra persona.
En su ancha cama el tío Richie, arropado y con almohadas, extiende sobre el monículo de sus rodillas un antebrazo robusto. De pecho limpio. Se ha lavado la mitad superior.
—Buen día, sobrino.