Las gallinas del jardín de al lado: sus excrementos son un abono de superficie muy bueno. Aunque lo mejor de todo son el ganado, especialmente cuando se alimenta con esas tortas de aceite. Mantillo de estiércol. Lo mejor para limpiar los guantes de cabritilla de las damas. Lo sucio limpia. Cenizas también. Ganar todo el terreno. Cultivar guisantes en ese rincón de ahí. Lechuga. Tener siempre verduras frescas entonces. Aun así los jardines tienen sus inconvenientes. Esa abeja o moscardón aquí el Lunes de Pentecostés.
Siguió andando.
¿Dónde está mi sombrero, a propósito? Debo de haberlo vuelto a colgar en la percha. O colgado en el suelo. Qué curioso, no recuerdo eso.
El paragüero demasiado lleno. Cuatro paraguas, el impermeable de ella. Recogiendo las cartas.
La campanilla de la tienda de Drago sonando. Qué raro que estuviera pensando justo en ese momento. Pelo castaño con brillantina sobre el cuello. Acaba de lavarse y arreglarse.
Me pregunto si tendré tiempo para un baño esta mañana. Tara street. El tipo de la taquilla de allí se largó dicen que James Stephens. O’Brien.
Vaya voz de bajo la que tiene ese tal Dlugacz.
¿Agenda qué es?
Ahora, mi señora.
- Entusiasta.
Dio una patada para abrir la loca puerta del retrete. Más le vale tener cuidado de no ensuciar estos pantalones para el entierro. Entró, inclinando la cabeza bajo el dintel