―Buenos días, Jack.
—Pase. Pase.
―Buenos días.
—¿Cómo estás, Dedalus?
—Bien. ¿Y usted?
J. J. O’Molloy shook his head.
Triste
El tipo más listo de la abogacía joven solía ser. En decadencia el pobre. Ese rubor afiebrado augura el fin para un hombre. Cuestión de vida o muerte lo suyo. Qué se traerá entre manos, me pregunto. Preocupaciones de dinero.
― O bien de nuevo si tan solo escalamos las apiñadas cumbres de las montañas.
―Estás exagerando.
—¿Se puede ver al director? —preguntó J. J. O’Molloy, mirando hacia la puerta interior.
—Mucho, dijo el profesor MacHugh. Que se le vea y se le