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Chapter 4

la mañana. Preferiría tenerte sin un centavo Que a Katey Keogh con su burro y su

Pobre viejo profesor Goodwin. Qué caso tan espantoso. Aun así era un viejo amable. Aquella forma anticuada que tenía de despedir a Molly del estrado haciendo una reverencia. Y el espejito en su sombrero de copa. La noche que Milly lo trajo al salón. ¡Ay, mirad lo que me encontré en el sombrero del profesor Goodwin! Nos reímos todos. El sexo asomando ya entonces. Era una pieza descarada.

Pinchó con el tenedor el riñón y le dio la vuelta de un golpe: luego encajó la tetera en la bandeja.

Su panza dio un bote al levantarla.

¿Todo lo de la bandeja? Pan y mantequilla, cuatro, azúcar, cucharilla, la nata de ella. Sí.

La subió arriba, con el pulgar enganchado en el asa de la tetera.

Empujando la puerta con la rodilla, entró con la bandeja y la dejó en la silla junto a la cabecera de la cama.

―Qué tardaste, dijo ella.

Hizo tintinear los remates de latón al incorporarse con agilidad, apoyando un codo en la almohada. Él la miró con calma, observando su corpulencia y, entre sus pechos grandes y blandos, caídos dentro del camisón como la ubre de una cabra. El calor de su cuerpo acostado ascendía en el aire, mezclándose con el aroma del té que ella

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