CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 80 de 864
Table of Contents

Capítulo 2

bajo torpes sombreros de seda. No suyos: estas ropas, este discurso, estos gestos. Sus ojos plenos y lentos desmentían las palabras, los gestos ávidos e inofensivos, pero conocían los rencores aglomerados en torno a ellos y sabían que su celo era en vano. Vana paciencia la de amontonar y atesorar. El tiempo sin duda lo dispersaría todo. Un tesoro amontonado al borde del camino: saqueado y de paso. Sus ojos conocían los años de peregrinaje y, pacientes, conocían las deshonras de su carne.

―¿Quién no? —dijo Stephen.

―¿Qué quiere decir usted? ―preguntó el señor Deasy.

Avanzó un paso y se quedó de pie junto a la mesa. Su mandíbula inferior se abrió torcidamente hacia un lado con incertidumbre. ¿Es esta la vieja sabiduría? Espera noticias mías.

—La historia, dijo Stephen, es una pesadilla de la que intento despertar.

Desde el campo de juego los muchachos lanzaron un grito.

Un silbido zumbador: gol.

¿Y si esa pesadilla te propinara una coz?

—Los caminos del Creador no son nuestros caminos, dijo el señor Deasy. Toda la historia avanza hacia una gran meta, la manifestación de Dios.

Stephen señaló con el dedo pulgar hacia la ventana y dijo:

―Eso es Dios.

¡Uju! ¡Ay! ¡Guirigüí!

―¿Qué? —preguntó

80