son hoy fellaheen.
El primer voceador de periódicos bajó a toda carrera por las escaleras tras sus talones y salió a la calle gritando:
―¡Especial de carreras!
Dublín. Tengo mucho, muchísimo que aprender.
Giraron a la izquierda por la calle Abbey.
—Yo también tengo una visión —dijo Stephen.
―Sí, dijo el profesor, dando un saltito para llevar el paso. Crawford nos seguirá.
Otro vendedor de periódicos pasó como un rayo junto a ellos, gritando mientras corría:
―¡Especial de carreras!
Querido Dublín sucio
Dublineses.
—Dos vestales dublinesas —dijo Stephen—, ancianas y piadosas, han vivido cincuenta y cincuenta y tres años en el