Cabello al viento: mal de amores. Para algún hombre. Para Raoul. Miró y vio a lo lejos en el puente de Essex un sombrero alegre sobre un coche de alquiler. Es él. Tercera vez. Coincidencia.
Retintineando sobre gomas flexibles, avanzó del puente al malecón de Ormond.
- Síguelo.
- Arriésgate.
- Ve rápido.
- A las cuatro.
- Cerca ya.
- Fuera.
—Dos peniques, señor, se atrevió a decir la dependienta.
—Ajá… Lo olvidaba… Disculpa…
—Y cuatro.
A las cuatro ella. Graciosamente ella a Bloohimwhom sonrió. Bloo son ri qui va. Tarde. ¿Crees que eres la