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1. Telémaco

lo mismo. La tía siempre busca criadas poco agraciadas para Malachi. No nos dejes caer en la tentación. Y se llama Úrsula.

Riendo de nuevo, apartó el espejo de los ojos escrutadores de Stephen.

—La rabia de Calibán al no ver su rostro en un espejo —dijo—. Si Wilde viviera para verte.

Retirándose y señalando, Stephen dijo con amargura:

—Es un símbolo del arte irlandés. El espejo agrietado de un sirviente.

Buck Mulligan se cogió de repente del brazo de Stephen y dio la vuelta a la torre con él, con la navaja y el espejo entrechocando en el bolsillo donde los había metido.

―No es justo burlarse de ti así, Kinch, ¿verdad? —dijo con amabilidad—. Dios sabe que tienes más espíritu que cualquiera de ellos.

Parado de nuevo. Teme la lanceta de mi arte como yo temo la suya. La fría pluma de acero.

―Espejo agrietado de un sirviente. Díselo al tío del oxígeno de ahí abajo y sócala una guinea. Está podrido de dinero y cree que tú no eres un caballero. Su viejo se hizo la pasta vendiendo jalapa a los zulúes o alguna estafa sangrienta por el estilo. Válgame Dios, Kinch, si tú y yo pudiéramos trabajar juntos haríamos algo por la isla. Helenizarla.

El brazo de Cranly. Su brazo.

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