peor de todo por la noche me lo contó la señora Duggan en el City Arms. El marido llegando a rastras borracho, la peste a taberna encima como un visón apestoso. Tener eso en las narices en la oscuridad, el tufo a alcohol rancio. Luego preguntar por la mañana: ¿estaba borracho anoche? Mal plan, sin embargo, criticar al marido. Los pollos vuelven a casa a dormir. Se pegan el uno al otro como lapas. Quizá culpa de las mujeres también. Ahí es donde Molly les puede dar mil vueltas. Es la sangre del sur. Morisca. También las formas, la figura. Las manos buscaron lo opulento. Compárense si no, por ejemplo, aquellas otras. La mujer encerrada en casa, el esqueleto en el armario. Permítanme presentarles a mi. Luego te sacan a rastras a una especie de esperpento, que no sabrías cómo llamarla. Siempre se le ve el punto flaco a un
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Capítulo 13
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