―¿Hace unas dos semanas, señor?
—Sí —dijo el señor Bloom.
Esperaba junto al mostrador, inhalando el penetrante tufo a medicamentos, el olor seco y polvoriento de las esponjas y zacates.
Mucho tiempo dedicado a contar tus achaques y dolores.
—Aceite de almendras dulces y tintura de benjuí, dijo el señor Bloom, y luego agua de azahar...
Sin duda, le ponía la piel de un blanco tan delicado como la cera.
―Y cera blanca también, dijo.
Destaca la oscuridad de sus ojos. Mirándome, la sábana hasta los ojos, la española, oliéndose a sí misma, cuando yo me arreglaba los botones de los puños. Esas recetas caseras suelen ser las mejores: fresas para los dientes: ortigas y agua de lluvia: harina de avena dicen que macerada en suero de mantequilla. Alimento para la piel. Uno de los hijos de la vieja reina, ¿el duque de Albany era? tenía una sola piel. Leopoldo, sí. Nosotros tenemos tres. Verrugas, juanetes y espinillas para empeorarlo. Pero también quieres un perfume. ¿Qué perfume usa tu? Peau d’Espagne. Ese azahar. Jabón de cuajada pura. El agua es tan fresca. Qué buen olor tienen estos jabones. Hora de darse un baño a la vuelta de la esquina. Hammam. Turco. Masaje. La suciedad se hace bola en el ombligo. Más agradable si lo