Escúpelo. Contigo voy con la verdad por delante. ¿Qué tienes contra mí ahora?
Se detuvieron, mirando hacia el promontorio romo de Bray Head que yacía sobre el agua como el hocico de una ballena durmiente. Stephen se liberó el brazo con suavidad.
—¿Quieres que te lo cuente? —preguntó.
—Sí, ¿qué pasa? —contestó Buck Mulligan—. No me acuerdo de nada.
Miró el rostro de Stephen al hablar. Un viento leve le pasó por la frente, acariciando suavemente su cabello rubio y despeinado y agitando plateados puntos de ansiedad en sus ojos.
Stephen, deprimprimido por su propia voz, dijo:
—¿Te acuerdas del primer día que fui a tu casa