él no está en esa tumba en absoluto. Que el ataúd fue llenado con piedras. Que un día volverá.
Hynes negó con la cabeza.
—Parnell no volverá jamás —dijo—. Está allí, todo lo que quedaba de mortal en él. Paz a sus cenizas.
El señor Bloom caminaba desatendido por su bosquecillo entre ángeles entristecidos, cruces, columnas rotas, panteones familiares, esperanzas de piedra que rezan con los ojos al cielo, corazones y manos de la vieja Irlanda. Más sensato gastarse el dinero en alguna obra de caridad para los vivos. Ruega por el descanso del alma de. ¿Lo hace alguien de verdad? Aterrizarlo y acabar con él. Como por una trampilla de carbón. Luego amontonarlos para ahorrar tiempo. Día de los fieles difuntos. El veintisiete estaré en su tumba. Diez chelines para el jardinero. Lo mantiene libre de malas hierbas. El viejo en persona. Doblado en dos con las tijeras podando. Con un pie en la tumba. Que pasó a mejor vida. Que desocupó este mundo. Como si lo hubieran hecho por iniciativa propia. Les dieron el bote, a todos ellos. Que estiraron la pata. Más interesante si te dijeran lo que fueron. Fulano de tal, carretero. Yo viajaba de corcho lino. Pagué cinco chelines por libra. O el de una mujer con su cacerola. Yo cocinaba un buen estofado irlandés. Elegía en un