a favor de la unión. Todos somos irlandeses, hijos de reyes todos.
—Ay, Stephen dijo.
― Per vias rectas, dijo con firmeza el señor Deasy, era su lema. Votó por él y se puso las botas altas para cabalgar hasta Dublín desde las Ards de Down con ese fin.
Lal the ral the ra The rocky road to Dublin.
Un escudero hosco a caballo con botas altas relucientes.
Día blando, sir John. Día blando, su señoría... Día... Día...
Dos botas altas cabalgan bamboleándose hacia Dublín.
- Lal the ral the ra, lal the ral the raddy.
―Eso me recuerda, dijo el señor Deasy. Puede hacerme un favor, señor Dedalus, con algunos de sus amigos literarios. Tengo aquí una carta para la prensa. Siéntese un momento. Solo me falta copiar el final.
Fue al escritorio junto a la ventana, acercó su silla dos veces y leyó unas palabras de la hoja en el rodillo de su máquina de escribir.
―Siéntese. Perdón, dijo por encima del hombro, los dictados del sentido común. Un momento.
Miró desde debajo de sus pobladas cejas el manuscrito a su lado y, murmurando, comenzó a pulsar los rígidos botones del teclado lentamente, soplándose a veces mientras ajustaba el rodillo para