van en alza, dice él, deslizando la mano por el tenedor.
Pues caramba y anís el ciudadano le planta la zapa en la rodilla y dice:
—La causa de todo son las guerras extranjeras.
Y dice Joe, metiéndose el dedo gordo en el bolsillo:
―Es el deseo de los rusos tiranizar.
—Arre, déjate de tus malditas monsergas, Joe, le digo, tengo una sed que no la vendería por media corona.
―Dale un nombre, ciudadano, dice Joe.
—Vino del país, dice.
―¿Y el tuyo? ―dice Joe.
―Ídem MacAnaspey, digo yo.
—Tres pintas, Terry —dice Joe—. ¿Y cómo va ese viejo corazón, ciudadano? —dice.
―Nunca mejor, a chara, dice él. ¿Qué, Garry? ¿Vamos a ganar? ¿Eh?
Y con eso agarró al maldito y viejo chucho del pellejo del cuello y, ¡carajo!, poco lo estrangula.
La figura