de mano dos veces y se miró en el espejo con inscripciones de tiza del armario.
Dilly Dedalus, escuchando junto al bordillo, oyó los golpes de la campana, los gritos del subastador allá dentro.
- Cuatro y nueve.
- Esas cortinas preciosas.
- Cinco chelines.
- Cortinas acogedoras.
- Nuevas se venden a dos guineas.
- ¿Alguna puja más de cinco chelines?
- Se va por cinco chelines.
El lacayo levantó su campanilla y la agitó:
—¡Barang!
El tañido de la campana de la última vuelta empujó a los ciclistas de media milla hacia su esprint. J. A. Jackson, W. E. Wylie, A. Munro y H. T. Gahan, con los cuellos estirados y bamboleándose, tomaron la curva junto a la Biblioteca del Trinity