se vea al primer acorazado irlandés surcando las olas con nuestra propia bandera al frente, nada de arpas de Enrique Tudor, no, la bandera más antigua a flote, la bandera de la provincia de Desmond y Thomond, tres coronas sobre campo azul, los tres hijos de Milio.
Y se tragó el último sorbo de la pinta, Moya. Puro viento y meados, como un gato de tenería. Las vacas en Connacht tienen los cuernos largos. ¡Buenísima le va a costar la vida si baja a soltarle sus bravatas a la muchedumbre congregada en Shanagolden, donde no se atreve a asomar las narices con los Molly Maguires buscándolo para hacerle la luz del día en el cuerpo por haberle usurpado la granja a un inquilino desahuciado!
―Muy bien dicho, dice John Wyse. ¿Qué van a tomar?
—Una yeomanry imperial, dice Lenehan, para celebrar la ocasión.
―Las doce y media, Terry, dice John Wyse, y levanta la mano. ¡Terry! ¿Estás dormido?
—Sí, señor, dice Terry. Un güisqui pequeño y una botella de Allsop. Bien, señor.
Inclinados sobre el periódico sangriento con Alf buscando los trozos picantes en vez de atender al público en general. Foto de un combate de topetazos, intentando romperse los benditos cráneos, un tipo yendo a por el otro con la cabeza gacha como un toro en una cachaza. Y otra: Bestia Negra Quemada en Omaha. Ga. Un montón de Deadwood Dicks con sombreros de ala caída y disparando a un sambo colgado de un árbol con la lengua fuera y una hoguera debajo. Válgame Dios, tendrían que ahogarlo en el mar después y electrocutarlo