Power—. Es la primera noticia que tengo. ¡Se ha envenenado!
Miró hacia atrás, hacia donde un rostro de oscuros ojos pensativos los seguía rumbo al mausoleo del cardenal.
Hablando.
―¿Estaba asegurado? —preguntó el señor Bloom.
—Creo que sí —respondió el señor Kernan—, pero la póliza estaba muy hipotecada. Martin está intentando meter al muchacho en Artane.
—¿Cuántos hijos dejó?
—Cinco. Ned Lambert dice que intentará meter a una de las chicas en lo de Todd.
—Un caso triste —dijo don Leopoldo con suavidad—. Cinco niños pequeños.
―Un gran golpe para la pobre mujer —añadió el señor Kernan.
―Pues sí, en efecto, convino el señor Bloom.
Búrlate de él ahora.
Miró hacia abajo, hacia las botas que había betunado y lustrado. Ella le había sobrevivido, había perdido a su marido. Más muerto para ella que para mí. Uno tiene que sobrevivir al otro. Sabios son los que lo dicen. Hay más mujeres que hombres en el mundo. Darle el pésame. Su terrible pérdida. Espero que pronto le siga. Solo para las viudas hindúes. Ella se casaría con otro. ¿Con él? No. Aunque, ¿quién sabe después? La viudez ya no es lo que era desde que murió la vieja reina. Arrastrada en un birlocho. Victoria y Alberto. Luto en el monumento de Frogmore. Pero al final se puso unas violetas en el sombrero. Vana